Andalucía, Jaén

Mitos y leyendas
Jaén es una ciudad que alberga gran número de leyendas desde Casas enduendadas y tesoros sorprendentes hasta misteriosos relatos.
La leyenda más conocida es la del El Lagarto de la Magdalena o el lagarto de Jaén un animal que atemorizaba a los pastores a finales del siglo XV comiéndose sus ovejas. La gente vivía desesperada, hasta que un héroe a caballo reclamó la atención del monstruo y encendió una mecha de yesca dentro de un cordero que le lanzó a la criatura. Al poco tiempo de engullir de un único bocado la trampa el desafortunado lagarto explotó. Por ese motivo persiste todavía el dicho a modo de maldición de "así reventaras como el lagarto de Jaén"



Sobre el Castillo de Santa Catalina también versan varias leyendas, la mayoría relacionadas con fantasmas. Quizá la más conocida de ellas sea la de la amante del Condestable Iranzo, en cuya habitación se siguen escuchando ruidos y lamentos
Otra dice que el Castillo de Jaén tuvo un gobernador llamado Omar, valiente guerrero enamorado de su esposa, Zoraida. Una tarde fue reclamado en la ciudad por el Cadí y partió al galope. No volvió y su esposa, salió en su busca; lo encontró con un puñal en la espalda en un altozano cercano al castillo, la viuda que se abrazó al cadáver y rompió a llorar sin consuelo. Cuando sus acompañantes intentaron separarla cayeron en la cuenta de que había muerto también, pese a que seguía derramando abundantes lágrimas y que éstas se fundían con aguas cristalinas que brotaban del suelo, en un lugar que siempre había sido seco. Allí se formó una fuente que hoy se conoce como Caño Quebrado.
Otra leyenda cuenta que un anciano fue acogido durante una noche en una casería a las afueras de la ciudad, y al ver un grueso tronco de olivo a la entrada dijo a los dueños que «buen nazareno saldría de ahí». Ante el comentario del anciano, le preguntaron «¿usted sería capaz de hacerlo?», él asintió y pidió únicamente que lo dejaran trabajar a solas en una habitación sin herramienta alguna. Los sorprendidos dueños accedieron a la petición y dejaron al abuelo a solas con el tronco de olivo. Pasaron las horas y ningún ruido salía de la habitación. Preocupados, tocaron a la puerta y al no obtener respuesta decidieron entrar, no había rastro del abuelo y en lugar del tronco de olivo se encontraba una hermosa talla de cuerpo completo del nazareno. De ahí viene el nombre de la procesión, conocida como "El Abuelo".